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abril 15, 2010

...




Con el despertar sexual, mi mente se nubló. Quizás antes que ninguna otra, pensaba en rozarme con alguno de aquellos que sobrevolaban mi imaginación. Aún así, siempre fui cauta. Siempre esperando impaciente desde mi gruta, el momento perfecto. La víctima perfecta. La situación perfecta.

Creo que tuve varios despertares, varios momentos en mi vida en los que me daba cuenta por parpadeantes instantes, que el sexo existía, estaba ahí y yo era un claro objeto de él. Todos somos objetos del sexo. Todos.

Qué desangelada se queda la escena cuando no hay tensión sexual. Cuando no hay conflicto sexual, cuando no hay una tensión sexual no resuelta. Así empiezan los problemas. Cuando le miras y sólo quieres volver a mirarle teniéndolo todo para ti. Única y exclusivamente para ti. Porque el sexo es en sí, muy egoísta.

Su piel: para mí

Sus manos: para mí

Sus ojos: clavados en mí

Todo: para mí


Todo.


Me doy cuenta ahora de lo que cambió la concepción que tenía de mis esporádicos encuentros sexuales con aquel o con aquel otro. De necesitar amar para poder tocar, aunque con mucho miedo, a morder y gemir en compañía de un nuevo amante del que sólo sabía su nombre y sus ganas de mí.

Pero no es tan sencillo, y menos si eres una Lolita. Todo, siempre, acaba significando algo. Y quieres saber más, conocerle más. Te dejas poseer, todo a cambio de un par de palabras, de un par de mensajes escritos en una servilleta para tratar de tenerte ahí, de no tener que prescindir de ti, porque saben que tú, no serás capaz de decir que no. Te dejas utilizar y te escudas en la supuesta posibilidad de que te quiera, ese mínimo necesario para que, casi sin darse cuenta, le apetezca dormir pecho contra espalda y sin sábanas de por medio.

Todo es demasiado extraño ahora. Y lo era mucho más antes.

Ayer, con cada ínfimo acto de posesión, como un roce de manos, me iba olvidando un poco más de ti. Hasta que decidí despedirme de ti definitivamente, desnudándole a él. Todo fue excesivamente fácil. Ahora se acaba de marchar. Después de haberme besado hasta la saciedad. Después de haberme roto por dentro contigo y de haberme reconstruido de nuevo en él. Sin tan siquiera haberse dado cuenta, consiguió lo que no fui capaz de hacer yo sola. Poner un nuevo punto y aparte.

marzo 26, 2010

Marte...

Sigue siendo jodidamente difícil descifrarte. Y me has enganchado, porque odio los misterios sin resolver.

Y lo peor es que no soy una escéptica. Sino que prefiero pensar en el mundo mágico. En tu mundo de locura y perversión, lo hago mío y me convenzo de que yo siempre he estado ahí. En realidad a ti te gusta. Siempre me abres la puerta. Y los ojos. Y parece que me quieres tragar con la mirada cuando decido situarme encima de tu cuerpo. Y tus escamas se vuelven suaves para no rozarme la piel. Para mantenerla intacta después del contacto. Para que no sufra. Para darme placer. Para alimentarme de ti.

Hoy eres arisco, atractivo e inhumano. Y no hay nada más que pueda coincidir tanto con mi sociopatía innata. Has dado con una nínfula enrevesada, malpensada, sucia y terrorífica. Has encontrado tu medicamento en tu propio terreno. Llegué, sin más. Te descubrí, sin menos.

¿Quién sino tendría la desfachatez de crear a una pervertida nínfula? Una niña que descubriría su cuerpo pensando en su creador...

Tanto los lunáticos como los marcianos, solo sabemos odiar. Un acto de ultraviolencia que excita… Por eso tomamos la democrática decisión de pegarnos en incontrolables noches de sexo y vicio. Pero la hemos jodido. Y tu cuerpo muerto pesa más de lo que puedo soportar. Te necesito vivo. Activo. Consciente de tu cuerpo. Consciente también del mío.

Supongo que quiero decir que prefiero que me mates, antes de matarte yo aquí arriba y ahí abajo.

marzo 20, 2010

Nece(si)dad?

Atravieso, cruzo, paso, rompo, quiebro, arraso... no quiero tener nada que ver con ese humo que sale de aquel destrozo, pero me temo que está formando mi nombre con su blanca-grisácea textura. Delatándome. Delatando mi carácter.

Odio la palabra "fuerte". Suena mucho mejor, sin duda, "putrefacto". Pero mi carácter tampoco es así. Sin embargo, prefiero denominarlo putrefacto antes que fuerte. Cuánta maldad y cuánta mentira hay detrás de la supuesta fuerza. Y el claro ejemplo de esta mentira, soy yo.

De momento, dejo tontamente que traces mi rostro, mi cuerpo, con una pluma. Pero sin ignorar el hecho de que seguimos rodeados de paredes que fueron, y son, testigos de los gemidos de tus amantes. De los celos que guardo entre esas mantas húmedas. Teniendo la certeza de que volveré a caer una y otra vez. Porque no entiendo de fuerza de voluntad ni aún siendo consciente de su necesidad para mitigar el dolor.

Creo que voy a optar por seguir jugando. A ver quién desabrocha antes los botones de la ropa del otro...

Algún día me quebraré. Lo sé. Ya pasó más veces. Pero las ganas me pueden. Y sigo sin saber dónde está el límite entre el deseo y el sufrimiento. Quizás, seguramente, prefiera sufrir y cumplir mis caprichosos deseos que dejar de sentir punzadas en la boca del estómago y quedarme sin un bocado de ti.

No me atrevo a llamarlo vicio. Sí obsesión. No necesidad. ¿Estoy atravesando otra etapa de mono? ¿Acaso es que Fa no puede desengancharse de sus libidinosas drogas? No. Porque siguen siendo suyas. Pese a quien le pese. Aunque a ella misma le pese.

Así que hincaré sentimientos, rabias y remordimientos en una estaca lo suficientemente alta como para no alcanzarla en mucho tiempo. Y dejaré volar escupitajos, libertinajes y experiencias. Creo que me empalaré. Y volveré a dejar que juegues conmigo a tu antojo.

Mi Humbert...

Ausencia...



Qué poco poder. Con qué poco poder contaba esta Lolita que ahora escribe, que por un momento llegó a pensar que besar el cielo contigo no era tan utópico.

Cuando mordías mis dedos mientras hablábamos del halo de extrañeza que te rodea, me sentí intensa. Feliz. Con un desconocido que yacía en una cama húmeda y solitaria.

No eres tan mayor. O quizás yo, no sea ya tan pequeña.

Algún día volveré a verte. Me sonrojaré pensando en esas palabras tan elegantes, tan profundas e intensas... te miraré a los ojos tratando de buscar algún gesto familiar. Como no lo conseguiré, me iré con mis mejillas encendidas a buscar otra copa, en algún otro bar, lejos de aquel en el que te vigilaba y lejos también de aquel en el que te conocí. Lejos, en fin, de mi pasado más reciente.

Trataré de escapar en vano de ése que algún día fue un mentor mentiroso. Una deliciosa mentira. Una estafa momentánea que dio el alto a una nueva yo. Peligrosa deslenguada que practica incesantemente para no decepcionarte si es que algún día encuentras esa venda con la que tapar mis ojos; para que estos no puedan ver todo aquello que quieres hacer. Todo aquello que quieres experimentar. Conmigo. Tu Lolita. Tu Fabiola... Tu Eva...

marzo 12, 2010

De viaje...

Lo contemplé como si fuera la última cosa que fuera a ver en esta vida. Venía directo hacia mí como el proyectil que atravesó la cabeza del presidente Kennedy; su semblante decidido se clavaba en mis retinas y no corría porque, tal y como me dijo una vez, su madre le enseñó de pequeño que eso de correr es para desesperados o ansiosos y "un caballero nunca, nunca, ha de correr salvo para salvar su vida o la de su dama".

No sé desde dónde me había visto o cuánto tiempo acercándose, tenía muy buena vista, incluso se jactaba de que podía alcanzar a ver la pequeña estrella junto a la Osa Menor que los árabes usaban para probar la valía de sus vigías, pero cuando fui consciente de su aparición aparentemente medía un palmo.

Lo reconocí con facilidad aún a pesar de los años transcurridos desde la última vez que lo vi, su forma de caminar era única (como para no reconocerlo) y gracias a que lo conocía sabía que estaba ansioso por verme, controlando como podía sus impulsos ya que lo suyo siempre había sido la sutileza, los movimientos microscópicos cargados de miles de significados yuxtapuestos, y no clavar los talones en el suelo con celeridad.

Ya no era el hippie que conocí tiempo atrás, su ropa había mutado a de mayor calidad sin caer en la excentricidad del nuevo rico tan de moda últimamente, le favorecía. Pero si aparentemente había progresado económica o socialmente su rostro estaba cicatrizado por el cansancio y una edad superior a la que revelaba su DNI. Sus ojos verdes se habían vuelto profundos, oscuros, tan inquietantes que no me quedó más remedio que preocuparme.

-¿Qué tal tu vida? ¿Qué has estado haciendo estos años? -me preguntó.

Le hice un pequeño resumen de las ciudades donde había estado mientras íbamos a una cafetería cercana. Él pidió agua mineral y por un momento me arrepentí de mi comanda. "Nota mental: agua mineral", me dije.

-Le dije que sí.
-Lo sé. Jamás pensé que te acabarías casando, y más con ella.
-¿De qué te sorprendes? Te fuiste, ¿recuerdas?
-Habrás cambiado de vida, pero veo que sigues siendo tan directo como siempre.

No me sorprendí porque se hubiera casado, era algo perfectamente factible, lo que provocó la sorpresa no fue el matrimonio, sino las emociones que dejaba entrever tras la supuesta mueca de alegría. Le pregunté por qué se casó si no era feliz con ella...

-Porque desapareciste, mensa.
-¿No era lo que querías?
-Ya, pero entonces no te soportaba, siempre has sido tan... rara.
-Yo también te quiero -lo interrumpí.

Me contestó con una media sonrisa y una mirada intensa, mezcla de irritación y alegría.

-¿Ves? A eso me refiero. No sé cómo lo haces, pero parece como si pudieras manipular mi cabeza a voluntad, cambiar mis emociones, y no podía con eso, me sentía desnudo, invadido contigo cerca. Ah, y no, no era lo que quería, aunque te lo dijera. Fuiste tú quien me dejaste, ¿recuerdas?
-También recuerdo que me mentiste.
-Aquello fue una tontería, ¿me lo vas a estar recordando toda la vida?
-Quedamos en ser sinceros, yo lo fui contigo y te lo conté todo, en cambio tú...
-No volvamos a repetir nuestra última conversación. ¿Dónde vas a dormir?

Agradecí el cambio de tema, él también.

-No lo sé, había pensado en mirar algún hotel mientras busco una habitación.
-No seas tonta. Ven a mi casa, tengo un cuarto libre.
-No creo que deba. ¿Y tu esposa?
-Yo me encargo. Le diré que vas a quedarte un par de noches mientras buscas algo. Además, así estarás tú para protegerme.

No le entendí, y aunque no me entusiasmaba la idea acepté.

-Pero solo un par de noches, no quiero ni okupas ni parásitos en mi casa, ¿vale?
Sonreí.

=)

Ayer...

Cada una de sus pestañas era como una fina y pequeña cuchilla que me cortaban el alma cada vez que sus párpados caían como sólo él sabía dejarlos caer. Le gustaba sentir dolor, pero sólo cuando nuestros cuerpos luchaban en un tête-à-tête de cuero, látex y piel. Era caprichoso, al igual que las marcas que dejaba en mi cuerpo mientras la vorágine de nervios excitados enterraba su mojigata y habitual forma de ser. Hombres...

Se ha marchado. Miro la hora: las doce del mediodía. La cabeza me da vueltas después de todo lo que bebí anoche. Los libros están esparcidos por la habitación, hay restos de ceniza. Me pregunto si volveré a verlo, y si realmente quiero hacerlo. Estoy muy mal: tengo el cuerpo dolorido y amoratado, y hay restos de sangre en las sábanas. Sé que es de los dos. Puedo olerla todavía. Me excito. Su aroma me recuerda a todo lo que pasó la noche anterior.

Miro mi desnudez en el espejo: el cabello revuelto, el tatuaje en el abdomen, la sangre reseca. Me meto en la ducha y abro el grifo. El agua hierve, irritando las heridas. Duele. El dolor me traslada a anoche, al dios castigador que me infligió tanto que me ha hecho perder el norte de mi vida. Cierro los ojos y lo veo sobre mí, mirándome y con sonrisa de loco. Es una bestia desbocada. Al encontrarnos, me miró como poseído por el mismísimo diablo, y entreabrió los labios. La siguiente vez que los entreabrió así fue para morderme el pecho estando ya sentada sobre él y herirme.

Pasó la lengua por sus labios cubiertos con mi sangre, esparciéndola. Y luego me besó, y me mordió el labio. Fue salvaje, un ritual animal donde millones de años de evolución se esfumaron triturados bajo el peso del animalismo que nos recorría. Le mordí el hombro y gritó de dolor, y de pasión. Cuanto más sufría, más se excitaba, y más me excitaba yo también. Lo abofeteé girando su rostro, y al volver a mirarme sus ojos ardían con aún más fuerza. Se lanzó sobre mí, y se sentó exhalando de un golpe los últimos restos de consciencia que le quedaban. Empezamos a movernos al unísono, violentamente. Nos mordíamos, apretábamos, y nos estrangulábamos. Cogimos sin parar. Fue salvaje.

No sabría decir si mientras duró me gustó, tengo un recuerdo enfrentado: lo más a lo que puedo asociarlo, y aún así ni de lejos se le asemeja, es lo que puedo vivir en una montaña rusa. Ahora que ya ha pasado lo único que sé es que nada volverá a ser igual.

Estoy muy excitada. Dijo que volvería pronto. Salgo de la ducha. Escucho sus llaves y miro hacia la puerta. Sonrío. Es él, y trae nutella.

febrero 23, 2010

Eye ♥ U





Me abraza con fuerza y duerme en mi regazo. Sé que al despertar, me preguntará si le estuve espiando. Yo, como siempre, cruzaré mis dedos y le diré que no. Que mientras dormía, yo miraba el techo, contaba ovejas... pensaba en la teoría de la Estructuración.

Ahora veo sus ojos cerrados, sus pestañas largas y oscuras. Recorro su lunar con la yema de mi dedo y hundo mi mano en su cabello, peinándole como sé que no le gusta, porque dice que el flequillo le da picazón.

Sé que está soñando. Un extraño movimiento detrás de sus párpados, revela que en cualquier momento, comenzará a mover una pierna, un brazo. Que si no aprovecho ahora, me costará horas despertarle. Y más me costará esa cara que pone, cuando quisiera que me quede hasta mañana, aunque sabe que no puedo.

Me dirá que odia que me vaya, que odia irse. Que en su mundo imaginario, las personas vivirían de la cosecha y de los cuentos. Que no existirían las fichas de ingreso, ni los horarios de trenes y colectivos. Que la gente se movería a pie o en bicicleta. Ni siquiera a caballo, porque eso sería coartar la libertad de los equinos.

Y no hay cosa que le de más rabia, que la manifestación de una voluntad sobre otra.

Se despierta y me dice: - ¿Cómo puede pasar ésto? ¿Cómo se llama esta araña que me sube desde el estómago hasta el pecho, que me da cosquillas cada vez que te veo...?

Tn...





--> Por eso ponte a pensar, Adán,
si la manzana que Eva te da,
la comerás...


23.02.10

febrero 21, 2010

Dudas...




Soy una mujer promiscua, sí,
porque intento pretendo utilizar el sexo
como medio para encontrar
lo que todo el mundo busca,
placer.
¿Qué hay de patológico en eso?

Si queréis ponerme un nombre, adelante.
No me importa.

Idea?




No soy nunca quien espera a que alguien la llame, apenas me conoces pero, por lo poco que se intuye de mí, sabes muy bien que soy la clase de mujer que va directa por algo cuando lo quiere.
Y te quiero a TI.

No soy de las que paran hasta que no consiguen algo y yo siempre consigo lo que quiero: tú.

Pero tampoco voy detrás de nadie. Porque yo ya he hecho suficiente y ahora te toca mover ficha a ti y lo sabes. ¿Será que te da miedo hacerlo? No me lo creo, pero si así fuera, eso me pone todavía más.

Más que mover ficha, sabes que estoy esperando que enciendas la chispa de una vez. Que me llames, y simplemente, digas dónde vernos. Los dos sabemos que no hará falta decir nada más,
los dos sabemos que nos veremos para conseguirnos, probarnos, tenernos… y disfrutarnos.

Que no hará falta hablar, más bien te obligaré a hacer “trabajos forzados”, de esos para los que no es necesario ningún esfuerzo, durante una intensa… llamémosle… “guardia”… de mí, por y para mí.

Sin salir de mi casa, no necesariamente de mis sábanas, porque querré probarte en cada rincón,
en cada pared, en cada sofá, en cada mesa, en cada alfombra, en cada sillón y donde sea que nos de gana.

Sin dejar de comerte la boca pasaré rápido a comerte otra cosa, porque cuando note las gotas de tu humedad en mi mano me entrará hambre, bajaré con mi lengua por tu pecho, al llegar a tu vientre me recrearé en él juguetona haciendo que te estremezcas, porque sabes lo que vendrá ahora… te miraré y veré tu cara contraída por las ganas, deseando que me la meta en la boca de golpe hasta golpear el fondo de mi garganta… y eso es justo lo que haré cuando menos te lo esperes, gemirás cuando alcances mi campanilla y cuando comience a comerte desatada,
cogiéndote con mi boca, me agarrarás fuerte la cabeza, enredando tus dedos en mi cabello,
tirando de él, primero para que no me separe y siga haciéndote ver las estrellas, y pronto para que frene la deliciosa tarea, porque ganas de venirte en mi boca no te van a faltar…

Seré yo quien se ponga de rodillas e inclinada frente a ti para que me cojas, no dejándote más opción y no pudiendo esperarme más a que lo hagas, te estaré guiando porque no aguantaré mucho más las ganas de tenerte dentro de mí, te pediré que me cojas ya, ahora, por donde quieras… entrando resbaladizo con una facilidad pasmosa, te moverás a un ritmo frenético entrando y saliendo de mí, empujándote fuerte sobre mi espalda agarrado a mi cintura,
mientras yo te estaré acompañando en el vaivén, los dos fuera de nosotros, corrompidos,
lascivos, viciosos… a mil… …ufffffffffffffffffffffffffffff…

Cuando me avises que no aguantarás mucho más, te sacaré de mí apartándome, me daré la vuelta haciendo que te sientes y me sentaré sobre ti clavándome a la primera, mirándote a los ojos y asida a tu cuello, arañándote, mordiéndote, diciéndote que nos correremos los dos juntos,
empezaré a moverme arriba y abajo, sintiéndote chocar contra el fondo de mis entrañas a cada perforación. Aceleraré el ritmo y te montaré frenética y desatada, para dejarnos ir por completo,
sudando, gimiendo, gruñendo, gritando …ohhhhhhhhhhh siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!

En el momento en el que empieces a inundarme de ti y sin poder controlarte por más tiempo,
conmigo sentada encima… me bajaré de ti para agacharme mirándote y acabar de provocarte las últimas descargas eléctricas mientras te beso exhausta, como tú, todavía caliente, empapada,
palpitante, deliciosa…




febrero 09, 2010

Reencuentro



Y todo el mundo me aconsejaba que lo buscara. Que nos reencontráramos. ¿Para qué, después de tantos años? ¿Y si el encanto acababa? ¿Y si me daba cuenta de que Wendy, al crecer, dejó de amar a Peter Pan? Y pasó lo que tenía que pasar. Ignoro si fue azar, destino, casualidad... causalidad.

Me preguntó: ¿quién eres hoy? ¿qué has hecho? ¿a dónde fuiste? Y no supe qué contestar. Son el tipo de preguntas cuya respuesta tienes muy clara, debido a que has vivido contigo toda tu vida, pero ¿cómo describirte? Una invitación a entrar en mi mundo, hubiera sido demasiado de mi parte.

He aprobado una licenciatura universitaria. He maquetado revistas que leíste. He indizado contenidos masivos para que cuando escribas tu duda en Google el resultado no siempre sea una puta mierda. He cogido en tristes tardes de otoño, en heladas madrugadas de invierno, en apasionadas mañanas de primavera y en salvajes y sudorosas siestas de verano. He recibido aplausos y putazos. He aplaudido y he puteado. He corregido los textos que leerás pensando que la obra de arte es mérito de una sola persona. He escrito pletórica y hecho mierda. Eufórica y en lo más oscuro de los pozos profundos. He tocado guitarra mientras él me chupaba, aunque también me gustó comérmelo mientras interpretaba su particular composición respiratoria.

He hecho muchas jodidas cosas y ahora es 2010 y te veo desnudo en una habitación pequeña, frías las baldosas cerámicas del suelo. Congelada la ciudad mientras anochece. He pensado en demasiadas tonterías pero ahora sólo puedo concentrarme en tu sexo subiendo y bajando, entrando y saliendo de mi sexo. He perdido también mucho tiempo y no sé por qué el reproductor de música on line se ha jodido y mi cerebro suena por su cuenta y es Schostakovitsch con su quinta sinfonía quien sustituye silencio por drama y cierta comedia. La fascinación de cogerte melancólico por los excesos a salud del próximo 14 de febrero, se convierte en un trance gracias al cual desaparece toda tristeza, toda apesadumbrada duda. A veces el sexo no es ni melódico ni metálico ni rock ni pop, ni mamadas. A veces el sexo es simplemente sinfónico y, cuando eso pasa, es una suerte estar a tu lado, aunque sea en una mierda de habitación.


Seguro que tú también has hecho muchas cosas, además de cogerme a muerte. Nuestro encuentro resume una serie de logros extraños, poco remunerados en su mayoría, pero no deja de ser satisfactorio y embriagador haber llegado hasta aquí. Me gusta el olor de tu piel ahora que soy yo quien te cabalga como una puta loca. Me gusta besarte la boca desde atrás y luego detenerme un segundo respirando tu hombro derecho. Me gusta atraerte hacia mi pecho hipersensible que, tarde o temprano, te comerás con todo el cuidado y la brutalidad del mundo.

A veces creo en la telepatía. A veces creo en que estamos aquí para desarrollar nuestro lado animal más que por ninguna otra razón. El sonido del aire que tu sexo desaloja de mi sexo al cambiar de posición me recuerda a los kilómetros recorridos por ambos. Somos viento,.. y la tierra, por mucho que a algunos les joda, realmente pertenece al viento, a nuestros vientos de sexo y triste pasión en la habitación fría. Hoy no tenemos el ánimo sodomizador, pero recuerdo también las veces que tras la última copa, me susurraste de camino a casa lo mucho que necesitabas que te abrazara. Y la mierda accidental con que algunas de esas aventuras acabaron por humanizarnos sonriendo de lujuria a esta apestosa vida.


De repente hay una pausa dramática. Un silencio necesario. Alguien se ha corrido (ojalá ambos lo hayamos logrado). Huele a quemado en las escaleras. El silencio se ve roto por un gong fúnebre quizá indicio de algo. Las sábanas húmedas empiezan a congelarse. El negro cielo se tiñe de rojo y amarillo. Sirenas aullando nos recuerdan que toda historia tiene su contrapunto ficticio. Que todo lo que es susceptible de imaginarse también lo es de no existir. Que quizá ni fuimos ni somos.
Así nos abrazamos cerrando los ojos sin importar si habrá mañana.

08.02.10 - 09.02.10

febrero 06, 2010

No queda...

Una estrella de ocho puntas atraviesa mi abdomen, envuelve mi cuello, baja por mi esternón, se bifurca y rodea mis labios, separándolos obscenamente. Presa, en esa precisa prenda que ajustas y ciñes a mi piel… A cada tirón, a cada nueva pasada, un río fluye entre mis piernas. Es hora del protocolo, ese del que nunca fui consciente.

Ardiendo en deseos de sentir tus manos en mis mejillas. De tomar tu sexo entre mis labios y lamer, besar, succionar y tragar sin reparos, Orgullosa.
Y, por fin, tu calor en mi barbilla, el dulce olor de tu sexo… Tu carne dura e hinchada que descubres ante mis labios sedientos. Y abrir la boca y devorarte; agradecida, sumisa, golosa y glotona, relamiéndome de gozo.

Y sonreír de nuevo mirándote a los ojos, mientras me tumbo sobre tus rodillas como una niña traviesa. Dejándome hacer; relajada y tranquila. Mojada y hambrienta. Sintiendo tus manos deslizarse entre mi espalda, tus dedos lubricando mi sexo, que muy despacio va cediendo, para acoger el plug, que fijas bajo el bondage.

Y ya no existen límites
...

Tu lengua, es mi lengua. Tu saliva se entremezcla con la mía formando un único fluido. Y siento tu cuerpo ocupando cada rincón, cada recoveco. Ahondando más y más en mi Y te cabalgo, dura y violenta, mojando tu carne, gritando y arañándote la piel.

Y ya no hay trabas ni muros, ni barreras. Todo está en su sitio. Sólo toca revolvernos, fundirnos, bebernos y rozarnos hasta herirnos, más de lo que nos hiere la ausencia…


Wit(c)h

Recuerdo mi primer bautizo:
Desnuda, mojada y temblando de frío.

Sintiendo su leche tibia correr por mi ombligo.
En algún lugar de la ciudad, bajo un cielo plomizo.


No conozco más cruz, que la de San Andrés.

Ni otros hábitos que no sean mis sandalias
de altísimo tacón
y mis medias de red.
Mi rosario; mi juego de bolas,
que adoro, acaricio, lamo,
antes que mi cuerpo las engulla con avidez.


Comulgo de rodillas, ante mi reverendo,

que es mi cura para mi terrible enfermedad.

Abro la boca
para acoger su vara sagrada.

Buscando su cáliz para beber su savia.

Y las hostias siempre las doy y las recibo en la cara.

Mi escapulario, es negro, suave, flexible, de látex,

siempre lo llevo conmigo rindiéndole total pleitesía.

Y levito cuando me empuja,

cuando se sumerge en las profundidades de mi vientre.

Arqueando mi cuerpo poseído por las llamas,
blasfemando, demente.


Mi lucha nunca fue contra el diablo, él siempre está de mi lado.

Guiando mis pasos, apartándome del sucio pecado.

Me visita cada noche, con cuerpo y nombre diferentes.

Y yo me regalo a sus oscuros placeres.

Bruja indómita, deseo liberado,

mujer entera, luchadora, perversa… caliente!

febrero 04, 2010

Sorry!



Siempre te has creído el anuncio de mis “Te quiero”. Pensaste que el aire que escupía mi saxofón era para tus ojos, que mis dedos solfeaban los sueños del deseo en tu espalda y ahora siento decirte que te utilizo, te compro con mentiras tan sólo para utilizarte, para obtener el dulce almizcle de tu sexo, y porque sé que eres demasiado cobarde para berrear otra canción. No te atreves venir a mi bando, al de los perdidos. Tu vida es fácil. Edulcoradamente sencilla. Y completamente fingida.

Y ahora tengo a otra, a otra víctima de mi teatro.
Lo siento, pero ya no estás en el reparto.

enero 30, 2010

Te.



Te voy a respirar entero.... Te voy a dar un baño para luego secarte a base de aliento caliente. Te voy a recorrer tan despacio que dudes entre las cosquillas o el horror de ser devorado junto al hormiguero. Te voy a sensibilizar cada pedazo de piel hasta que te sientas tan receptivo como transparente. Hasta que el contacto con mi materia opaca te parezca la mayor de las perversiones.

¿Por qué?
-Porque quiero hacerte sufrir de puro vicio. Porque te quiero coger bien en el sentido positivo del término. Claro que lo de coger debería llegar en último lugar, a no ser que lo imprevisto se imponga y nos lancemos a uno de esas cogidas rápidas y eficaces quizá contemplando el paisaje desde algún punto elevado. Que la proximidad entre tu pecho y mi espalda nos transmita el calor suficiente para no morir congelados mientras cogemos despacio descubriendo la solemnidad del vacío que se abre bajo nuestros pies.

Te voy a hacer agua, sudor y lágrimas. Te voy a transformar en materia viciosa mezcla de tu saliva y la mía. Te voy a dilatar cuerpo, alma, expectativa, devenir y casualidad. Te voy a coger como sólo cogen los condenados a muerte y los recién aparecidos. Te voy a descubrir el significado de las palabras saciedad, plenitud y desasosiego. Hasta que se nos acabe el tiempo. Hasta que ya no haya términos capaces de pararnos.

¿Por qué?
Porque no somos como los demás. Porque ya es hora de asumir que no hay mañana y que el principio de incertidumbre tiene que ver con la imposibilidad de comprender, asumir o sistematizar el momento presente. Porque lejos de la aparente estabilidad de la materia sólo somos un flujo molecular enloquecido sin rumbo ni sentido. Porque sólo la comunión de nuestros fluidos, que son sangre, logrará redimirnos de esta puta existencia carente de toda coherencia. Porque algo irrefrenable sale de tu sexo, mis ovarios y nuestros cerebros.

enero 27, 2010

=)



Estornudo de tanto enamoramiento que llevo dentro.

Me escuecen los ojos y tengo la nariz roja.

Mi lado torturado se venga así de mi propia felicidad.

¿Que qué suerte tengo?

No! Me niego! Me niego a la suerte!

Siempre se lo digo a Alejandro:

No es suerte, es merecido.

Fuimos a esos bares de moda en los que Alejandro dice

nunca haber estado de moda, ni ganas,

pero que ahora es diferente porque va conmigo

y conmigo todo es nuevo, hasta el rito más antiguo.

Se abre el mundo como a Ali Babá, la cueva.

Lo malo son los ladrones... –dice.
Y que ojalá pudiera volver a atrás para protegerme
de todos los ladrones de mirada turbia
que durmieron en mi cama.

Él llevaba saco y jeans negros
y yo me sentía así la más afortunada del planeta,
como en un sueño de ojos abiertos.
Lo quiero para mí siempre.

diciembre 23, 2009

Adiós...

Con el despertar sexual, mi mente se nubló. Quizás antes que ninguna otra, pensaba en rozarme con alguno de aquellos hombres que sobrevolaban mi imaginación. Aún así, siempre fui cauta. Siempre esperando impaciente desde mi gruta, el momento perfecto. La víctima perfecta. La situación perfecta. Y aunque hubo mucho alcohol, las ganas rebosaban las partículas de oxígeno que envolvían nuestros cuerpos en una nube de desenfreno y excitación.

Creo que tuve varios despertares, varios momentos en mi vida en los que me daba cuenta por parpadeantes instantes, que el sexo existía, estaba ahí y yo era un claro objeto de él. Todos somos objetos del sexo. Todos.

Qué desangelada se queda la escena cuando no hay tensión sexual. Cuando no hay conflicto sexual, cuando no hay una tensión sexual no resuelta. Así empiezan los problemas. Cuando le miras y sólo quieres volver a mirarle teniéndolo todo para ti. Única y exclusivamente para ti. Porque el sexo es en sí, muy egoísta.

Me doy cuenta ahora de lo que cambió la concepción que tenía de mis esporádicos encuentros sexuales con aquel o con aquel otro. De necesitar amar para poder tocar, aunque con mucho miedo, a morder y gemir en compañía de un nuevo amante del que sólo sabía su nombre y sus ganas de mí.

Pero no es tan sencillo, y menos si eres una cazadora. Todo, siempre, acaba significando algo. Todo es demasiado extraño ahora. Y lo era mucho más antes.

Ayer, con cada ínfimo acto de posesión, como un roce de manos, me iba olvidando un poco más de ti. Hasta que decidí despedirme de ti definitivamente, desnudándole a él. Todo fue excesivamente fácil. Ahora se acaba de marchar. Después de haberme besado hasta la saciedad. Después de haberme roto por dentro contigo y de haberme reconstruido de nuevo en él. Sin tan siquiera haberse dado cuenta, consiguió lo que no fui capaz de hacer yo sola. Poner un nuevo punto y aparte.

diciembre 22, 2009

Work...

Hoy, el frío comprime los más nimios vasos sanguíneos, los dedos se llenan de escarcha pese a no estar tecleando en el despacho donde se murió la calefacción. Me gusta la obligación de tener que compartir contigo la mesa, tus miradas esquivas a mi escote ofensivo, obligar a mis pies descalzos despistarse sobre tu pantalón y percibir cómo se dilatan tus pupilas y poder aguijonearte con una leve sonrisa traviesa, mientras bajas la cabeza y te tocas disimuladamente la entrepierna.

Me gusta sentirte cohibido, expectante y fingidamente lejano a la espera de mi próxima diablura, después de que te propusieras que no volvería a ocurrir, que no cogeríamos como dos dementes en la sala del café, excitados por la remota posibilidad de entrada en escena de tu acomodada pareja. La estupenda y comedida, que te esperaba en el portal del bloque de oficinas, con su bolso inmaculado de Channel cargado de antidepresivos y el aroma hiriente de recién salida de la peluquería.

Todos los falos del averno se amilanan bajo la cremallera y, sólo bajo las efluvios de las macabras cenas de empresa, tras el aluvión de bebida, se intuye cierta viveza. Y hago de ese momento mi patio de recreo y me sublevo contra la imposibilidad de no volver a tenerte... y se vuelve el objetivo que derribar esta tarde.

El invierno ha tomado por asedio la ciudad, abofeteando esta fingida tregua de calidez en plena estación que se debe glacial. La carne se refugia entre mullidas bufandas a refugio de este frío cortante que sodomiza las avenidas marcando el ritmo de los peones, que apresuran su paso sobre las aceras.

Debo ser una enferma, o una puta bendecida con la autocombustiòn entre mis caderas, pero a mi, poder percibir la transpiración de la urbe me pone cachonda.

Las bocas y sus alientos nebulosos escupidos al aire, la blanquecina neblina espermática densa sobre el paisaje, las chimeneas calientes soltando sus flujos hacia al puto cielo... Una deliciosa evocación seminal que tragar a boca llena, que lo impregna todo de promesas.

El compás cimbreante de abrigos y disfraces que poder desenvolver como una niña el día de reyes y recrearme luego en los matices de la piel, en el aroma de esos sexos cohibidos a los que destripar sus secretos entre gemidos, acosando su abulia con mi desenfreno. Creo que debería de mirar menos por el ventanal de la oficina y centrarme en mis tareas, pero es inherente en mí esta tendencia... y dejar un agujero abierto en la jaula, no hace más que provocar que fantaseen los ratones de biblioteca.

Hoy quiero tu cuerpo... y su aliento susurrando delirio junto a mi cuello tenso, la liquida perversión de tu vida acuchillando mi sueños... resumiendo estoy en época de celo, o quizás de berrea, tampoco varia mucho la esencia.

Todo me habla de sexo en invierno, la totalidad de lo que me rodea me pone irremediablemente frenética... y te pienso, y siento la quemazón. Fuego liquido que se filtra por el algodón amable de mis bragas, al recordarte... Al rememorar la cálida saliva propulsada a mi sexo, por esa boca glotona que me lamió a sorbos el alma y fermentó en mí los más lascivos y oscuros deseos.

Soy un ente travieso por naturaleza, soy lo suficientemente enajenada para conocer el placer de cruzar los limites, balsear las orillas de lo correcto y sentirme vinculada con las sacudidas del cosmos, con el despotismo que explosiona sin cortapisas, que se entrega a la inmensidad de tus ojos, al tiempo intasable del dialogo de la carne, para luego disfrutar del ahora ingrávido y purificado que se expande por el espacio, ese que también habita en mi.

Hoy tengo el tablero preparado y mi jugada no codicia el jaque mate, es la esquemática configuración de movimientos, que finalmente avoque a “El ahogado”, lo que es lo mismo, en tablas.

La seducción podría ser tildada de una batalla de necesidades, hoy quiero acallar el ansia de ti... y bueno, qué decir, para mi el juego ha comenzado. Realmente comenzó cuando te vi por primera vez, cuando comencé a urdir mi elástica trampa, en la que a ratos me siento presa de la montería que genere.

Cómo me seduce percibir todas esas manos enguantadas escudándose de esta borrasca siberiana que saja y azota con crudeza a los siempre caminantes. Van y vienen, enfrascados en su metódica coreografía grandilocuente que acompaña a la Navidad.

Mis tacones están obcecados en castigarte con sus medidos pasos, ronronean sobre los limites de los tejados, correteando entre el incombustible trafico de testosterona y olor a celulosa y tinta, que me pone absurda... e inevitablemente húmeda. Algo hemos aprendido de los ritmos viales y sus mecanismos. Me sentía una gata que callejea, ufana de ella misma, por los entramados de la estancia, los físicos y los psicológicos. Así que decidí activar el ideado esparcimiento.

Siempre percibí los margenes de lo correcto, mis entrañas me hostigaban con un enjambre enloquecido de sensaciones. Qquizás fuera malestar, simple malestar de origen vírico... tal vez fuera mi moral pataleando enrabiada o tu interés fulminándome.

Esa pupila magnética que eclipsa el resto del escenario desde la distancia, cinco metros y siento que te tengo encima. Mordisqueas un lápiz cuando cierro la puerta e inicio paso hacia la hilera de espacios panelados donde traquetean enfervorizados los teclados. Y el tiempo no es más que un caracol borracho... y dejo que mis pestañas barran el suelo.

No debería ser absolutista en mis pensamientos, valorar la capacidad de cada cual de elegir personaje en este eterno desfile de mascaras y me obligo a no tener aristas, márgenes afilados en mis fronteras que me sangren mas de lo necesario, pero contigo lo hago.

Esta estúpida partida, sin adversario tangible. El impredecible y caótico albur, que desconoce de reglas humanas y descuadra la previsión y las estrategias.

La jugada queda anulada con la llegada de la reina blanca surgiendo de la nada, dejando carente de movimientos a la yegua negra sobre el sofacito de la sala de café. Una pieza avanza, son los brazos de "X" se empeñan a que tome aliento en su regazo... voy a permitirme ser mimada frente a ti. Voy a atacar tu ego con la torre abrazada a mi.