febrero 04, 2012

;)





Si lo prefieres, puedo seguir buscando bocas a las que morder. Puedo seguir desabrochando botones nuevos. Puedo volver a los conocidos y volverlos a desabrochar. Puedo descorchar otras tres botellas con otros y brindar en secreto porque no estás. Puedo dejar que me desnuden y puedo desnudarme para otros tantos más. Puedo jugar a cosas nuevas, puedo despertarme entre sábanas de colores o sobre el más raso colchón.

Claro, que si lo prefieres, podrías ahorrarme tanto trajín de cama en cama y pedirme de frente y de verdad, que tu boca es más boca cuando nos mordemos, que a tu camisa le sobran los botones y a nosotros si algo nos falta es la paciencia, que por querer nos podemos desabrochar hasta el alma, que si bebemos mejor que sea cerveza fría de botellín, que si brindamos sea porque a la noche le han añadido horas, que desnudos todos los juegos pintan mejor y que poco importa dónde nos despertemos si el reloj pasa de las tres.

Yo tenía veinte años. Él siete más. Parecía sacado de una cinta de Coppola: tan inmenso, tan precioso, tan perfecto como una isla de las ganas y me lo iba aprendiendo de soslayo cuando notaba su brisa circundando mi espacio. La primera vez que hablamos, yo venía de matar el verano bajo la ducha; ví su sonrisa a través de las gotas de agua que se zafaban de mi pelo, empeñadas en escapar sobre mis hombros hacia la nada. Me abrasé de amor en aquella puerta sin querer. Me encendí entera del desconocido orgullo de sentirme hembra cuando aprendió mi nombre. Noté su mirada zurziéndome la nuca cuando le di la espalda y continué caminando, danzando sobre las losetas, mientras los martillazos del deseo taconeaban sobre mi pecho.
Entonces decidí enamorarme como se enamora una a los veinte años: aprendiendo a conjugar la ternura con los imposibles, dejando que se tambalease el mundo escondida bajo el cielo protector de su espalda. Allí mismo libré la batalla primera contra mis prejuicios, desnudando de su armadura la piel donde me grabé su nombre, queriendo morir esparcida sobre su camiseta. Siempre pensé que un día aparecería en su inmenso coche y me rescataría como un héroe de la ciudad pequeñita que amo sin reservas, pero te estrangula en sus murallas. Sabía que no iba a venir. Y nunca vino.
Vivía lejos, más allá de mi querencia, edificando paraísos que no me pertenecían. Necesité maldecir su sonrisa unas cuantas veces para que se me olvidase el sabor verde de sus ojos pequeñitos que tantas veces comí como aceitunas sin hueso en su punto de sal. Guardé un par de fotos en blanco y negro en una carpeta prohibida y le hice un hueco en el corazón, allá dondeconvive todo lo que he amado. No en el músculo que late, sino en la ciudad invisible que nos mantiene en pie incluso cuando nos duele como canicas bajo el zapato.
Hace poco abrí la carpeta clandestina y me sorprendí contemplándonos tan jóvenes, tan guapos, tan perfectos en el engranaje de las caricias. Desandé los años y las maldiciones desde la alegría. Brindé por el poso de amor que dejó en mi vida, cuando trazaba sobre sus pecas el mapa de mi aprendizaje. Recité los mil perdones por mi orgullo, pues fui yo la que llegó tarde. Y lo abracé a través del tiempo pidiéndole a los vientos que algún día susurrasen mi nombre bajo su ventana.

enero 23, 2012

[LoVe]

Lo mio es amor y deseo. Deseo general, no específico. Deseo carnal, sin dios ni otros testigos. Lo mío es amor, baby. Amor vivido y experimentado, amor refinado para tu pronta eternidad. Te deseo como el perro desea la herida que lame. Te amo como ningún perro sabe, como ningún estúpido imagina. Mi lengua es más hábil que mil perros callejeros, mi mente devora la estupidez del mundo. Lo mío es amor y deseo, baby. Deseo autónomo, ecléctico, primordial. Lo mío es amor, baby. No amor estructurado, complexivo, parcial. Amor del modo mío, baby. Del modo mío.

[Pregunta]

¿Qué es más efímero? ¿El imborrable tatuaje de una vibrante noche conmigo o la monótona vida doméstica en que te escurres hacia la tumba? No puedo darte una vida, no la tengo. La perdí buscándote a ti, amor mío.

octubre 06, 2011

[Cicatrices]




Siento mucho que siempre te toque barrer los pedazos de piel de mis malas decisiones, ponerme los curitas en los raspones resultantes de las misiones suicidas en las que me suelo embarcar. Lo siento mucho, porque eres el menos responsable, y porque no entiendo cómo puedes no ver, o pretenderlo como si de hecho supieras mentir. De alguna manera voy a encontarme otra vez.



Para eso son las cicatrices, son el une los puntos, las migajas de pan que me regresan a mí.

[Prejuicios]





"Me dijeron que ya te olvidara, que yo no te importo -Tu sufriendo por esa
vieja, y ella ya está cogiendo con otro cabrón- Si es si cierto o si no, no lo
sé, y no me importa, yo sólo sé que quiero estar contigo"


Me da mucha risa cada que quieren venderme eso como si me demostraran su amor incondicional, como si con el hecho de no juzgar mi calidad moral basándose en mis decisiones, les consten o no, me estuvieran haciendo un favor, y tuviera que agradecerles el que "no les importe".

septiembre 25, 2011

[Regreso...]


No quisiera uno a veces salir de los lugares por el miedo que da no querer regresar.

Y así pasa con las personas... algunas personas... no todas... no siempre... bueno... a mí ni me pasa.

Hace ocho meses ya, que decidí volver a este lugar, pero es cosa distinta decidir a querer. Por lo demás, suele uno querer las cosas importantes al propio tiempo que no las desea.


Hace meses que no quiero llorar y cuando me sucede quiero seguir hasta secarme el alma. "¿Te pasa algo?", preguntan de repente y recurro a la vieja coartada de siempre. Estoy loca, ¿no es cierto? Siempre será más fácil pretextar un problema de salud mental que decir la verdad de cuánto sientes. Peor aún si tampoco terminas de saber qué diablos sientes. Y es para averiguarlo que intentas escribir.

Si alguien quiere ofenderme, llámeme intelectual. El intelecto no es sino una herramienta, más ordinaria aún que una llave de tuercas. ¿O es que todo el mundo posee, sin excepción, una llave de tuercas? Desvarío, ya sé, pero ése es mi trabajo. Antes seguir de noche los pasos del instinto que olisquearle las patas al intelecto. Si el raciocinio me hace un ser humano, elijo prestigiarme por cuanto tengo de bestia peluda. Prefiero que me miren aullándole a la luna que presidiendo una mesa redonda, por más que, bien mirado, sea más fácil esto que aquello. Soy una bestia huraña, saco las uñas y enseño los dientes, pero muevo la cola cuando unos ojos francos me sonríen.

Creí, cuando empezaba a perpetrar estas líneas, que sería capaz de abundar en el tema del llanto, pero de pronto entiendo que es temprano para eso. Acabo de volver, no se trata de entrar en la cocina cuando no se ha pisado ni el jardín. Necesito recuperar el espacio que hace ya tantas leguas dejé atrás.


Luego de nueve meses de "facebookear" —ese acto leve, ingrávido, impulsivo, reconfortante a veces pero igual, de repente, desolado— he logrado habituarme a la inmediatez, como cuando en los años escolares conseguía entenderme con mis iguales mediante papelillos malandrines, no pocas veces llenos de versitos impúdicos que daban lo que fuera por parecer perversos. Qué delicia "facebookear", reparo en un instante, pero qué pena al fin hacerlo a costa de cierta dimensión abandonada. No se llora en el "Facebook", ni se aúlla casi. Y hay mañanas y tardes y noches de intimidad callada, cuando quiere uno aullar en algo más de
ciento cuarenta caracteres:

Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

uuuuuuuuuuuuuuuuu

uuuuuuuuuuu

uuuuuuu

uuu

u.

Es de noche, a finales de agosto. Me había propuesto regresar al hotel y transcribir un trozo de la nueva novela. ¿O debería decir capturar? Me niego a usar ese verbo asqueroso, las palabras que importan no toleran vivir en cautiverio.


El punto es que en lugar de transcribir me dedico a escribir estas líneas sin pies ni cabeza sobre el block pequeñito del buró. Si, como algunos dicen, ya es un anacronismo trabajar en tu blog, habría que ver qué piensan de quien lo intenta con papel y tinta, para después tener que transcribirlo. Un derroche de tiempo, ¿no es así? Les recuerdo, no obstante, que soy un animal, y como tal el tiempo me tiene sin cuidado. Viviré el que me quede resuelto a derrocharlo en asuntos mejor emparentados con el olfato que con el cerumen.

Hace unos pocos días me reprendieron por escrito (disfruto los regaños, tal es mi perversión). No se lee
bien, me dijo una conocida de "facebook" amablemente, que use determinadas expresiones vulgares. ¿Y cómo iba a explicar a esa buena mujer que las palabras más queridas por mí son justamente aquéllas que rechinan y causan escozor? Palabras como aullidos, sílabas que te gruñen de sólo pronunciarlas, voces con vocación secreta de gargajo, relámpagos viscosos ordenados de forma que más parezcan una canción siniestra y entrañable: he ahí los materiales con los que todo artista aspira a trabajar. ¿O hay quizás un lenguaje más vivo y más candente que el de las putas y los presidiarios?

Hará también algunos cuantos días que un atento y querido argentino me invitó a regresar a este lugar, tras señalar que viene con frecuencia, por si acaso se topa con nuevas parrafadas. Y como he dicho ya, no sé cómo ignorar una sonrisa franca, unas palabras cálidas, una visita mágica, tal como los juguetes que me daba mi madre sin motivo especial, sin razón aparente, porque sí, ¿por qué no? Contradecir las órdenes más lógicas y atender a las súplicas menos fundamentadas es todo parte de un mismo capricho.


Y es que la libertad está hecha de caprichos: es por ellos que somos quienes somos. No escribe uno contento porque tenga que hacerlo, como porque se le hincha Su Real Gana: una razón idéntica a la que nos conmina a abrir un libro y devorarlo, o cerrarlo y dejarlo para siempre, igual que abandonamos las conversaciones que nos parecen torpes o aburridas o insulsas. Igual, también, que el ser idolatrado nos ignora, o traiciona, u olvida.

No he olvidado este sitio, por eso es que volví. Si alguien viene y se queda cuando menos un rato, haga de
cuenta que estas solas palabras son una chimenea recién prendida. Y ahora, con su permiso (mejor aún: sin él), es la hora de aullar.

Bienvenidos de vuelta a esta madriguera...

junio 09, 2011

Eva Hunter







Observó asombrado el voluptuoso reptar del cardumen azabache hacia los pechos. La mirada resbaló en su cintura para abordar la contundencia de unas caderas amazonas que enmarcaban la maraña salvaje e incitante. Siguió aquella cuña de pecado hacia los muslos ebúrneos, pareciera hubiesen sido conformados en un molde venéreo y carnal. El frío recibimiento lo liberó de su abstracción.

Tomó una etiqueta del mazo y, tras rellenarla con gesto insatisfecho, se la pegó en la frente:

PROTOTIPO:
Eva Cazadora 2072-P01

COMENTARIOS:
Traza fisonómica perfectamente lograda. Mejorar efecto termocorporal.

febrero 18, 2011

Ser o no...




Cientos y miles de cicatrices recubren mi cuerpo. Las abro y las cierro a mi antojo. Las abro y desencadeno el pasado o cierro el posible y difícil presente. Joder. Nunca es a mi antojo. Mi antojo se nutre de un ser infecto. De su sombra. De su aliento. De toda esa mierda putrefacta que queda de él y me envenena el poco espíritu humano que exhalo.

Es frustrante saber que siempre vivirá en mí. Es inaguantable pensar en el futuro que aparece teñido de su color. El negro ceniza, el negro de la muerte. Pero también es el rojo escarlata, el transparente, el sanguinolento y el pasión. Parece que siempre tiene que apoderarse de los tonos que necesito para vivir. Es un ladrón de esencias. Un cleptómano de vidas. Un miserable que me tiene agarrada por el cuello que lame mi rostro produciéndome un estremecimiento.

Tira y afloja. Me estremezco y le quiero. Pataleo y le evito. Omito pensar en él porque si lo hago me rindo. Caigo y me arrodillo. Beso sus pies y le miro desde abajo. Me dejo hacer y hago. Busco cobijo y permito que me quiera una noche. Y quiero que me ame hasta siempre. Duermo en sus brazos y me dejo marcar, de nuevo, a fuego lento.

Lo sé. Cuando tengo ciertos momentos de lucidez vendo la cicatriz. Y trato de cerrar la puerta en sus narices. De levantarme del suelo para escupirle en la cara. De arrancarle la piel a mordiscos y mirarle de frente. De acuchillar su recuerdo y azotar su cara. De quemar su cama y odiarle toda la vida. De despertar de una vez de este juego. De evitar que me tenga para los restos.

Pero finalmente la realidad es una mezcla de lo más putrefacto y lo más idílico e imaginario. Siempre basculo entre un vaivén de sensaciones que me sitúan en un limbo laberíntico del que no sé cómo salir, ni por dónde, ni con quién.

Quiero intentarlo. Quiero hacerlo. Que desharé tu alma en un intento de arreglar mi mente. Pero joder. A la vez, me quiero ir a mi cama contigo entre las piernas, y que ante la imposibilidad, esnifo los restos que quedan desde hace meses. Hago pequeños intentos de agrupar las sábanas en la misma situación en las que tú las dejarías: húmedas, quietas, expectantes. Sucias. Quiero volver a sufrir esa deshidratación sexual que me volvía loca y enajenaba mi cuerpo. Porque en ese estatus de no estar, ni ser, en ese momento de clímax alcanzable, me siento segura. Me siento crecer.

Y cuando me dejas sola e inútil, maldito demonio, asumo mi penitencia por haberte dejado la herida abierta una vez más. Y evito la comida. Y devoro mis labios. Y los dejo sangrar hasta perder el conocimiento.

enero 29, 2011

END


Voy a darte portazo como quien se despide del frio, la tormenta y barre las hojas que arrastraron los arboles.
Quemaré tus ropas para no recordar ese dulce olor que me hacia sonreír de buena mañana, tiraré tu cepillo de dientes (aquél que dejaste para cuando te quedaras a dormir).
Voy a tirar la casa por la ventana para no recordar esas historias en cada rincón de mi pequeño mundo. Donde me quemabas la tristeza dándome mil sonrisas por cada llanto. Recuerdo nuestras pequeñas historias en cada milímetro de la cama, cuando me acariciabas y sentía ese hormigueo en la barriga.
Voy a destruir ese rincón donde te sentabas a leer tus sentimientos, donde me decías que era lo más bonito que tenias en esta vida. Pintaré las paredes del color del olvido, escupiré todos los orgasmos que me gocé a tu lado.
FIN

enero 24, 2011

ft




Todos hemos pensado el por qué somos humanos, el por qué vivimos en este inmenso universo y somos como un grano de arena en una playa. Que durante el calor del verano mueres aplastado, y durante el frio invierno te sientes solo. Algunos hemos pensado en lo de que la vida es un sueño y los sueños son la realidad.. y más tarde nos hemos dicho ‘demasiado bonito para ser real’.


Todos hemos ejercido la técnica del olvido, aunque a veces… a veces ésta se nos va de las manos. Siempre hacemos creer a nuestra mente y/o corazón que el olvido es la mejor elección, aunque todos sabemos que olvidar suena a fantasmas.


Si te vas que sea para no volver, y si vuelves que sea para no irte más.

diciembre 13, 2010

Loca

Píntame una sonrisa forzada, haz que cada segundo sintigo, sea una vida contigo.

Perdona mis faltas, mis pequeñas faltas; embárcame en algún tipo de abrazo y hazme olvidar, sobre todo eso: olvidar.

Mírame fijamente; mantén la mirada. Busca algo en ella que te responda. ¿Lo encuentras?
No puedo mirarme a mí misma, aunque si lo hiciera sólo encontraría razones para no encontrarte nunca más.

Ya se dio cuenta el poeta hecho canción que "lo importante es lo que está detrás de la piel". Pero, ¿dónde estás tú? Me miro al espejo abriendo la boca buscado un buen ángulo para ver mi interior y encontrarte... pero no te encuentro.

Te busco, pero no te encuentro.

Solo me queda el frescor con sabor a manzana de la única vez que pude robarle un beso a tus labios y no lo hice.

Presente sin pasado, sentada y esperando que la dulce locura me enfrente contra la pared. Pero ya a nadie le importa cómo acabará tu historia.

Love?


Ayer, mientras la incapacidad de descanso ayudaba a mantener mis ojos abiertos, dando rienda suelta a mi mente y pensamientos, llegué a una conclusión sobre mi vida...

Ésta es que no había sido capaz de enamorarme otra vez; ya sea porque no había surgido la persona adecuada o por cualquier otra razón. Pero claro, si me paro un momento a recordar, sí que ha habido ocasión; y más de una... Pero sin embargo, por canguelo o por lo que fuera, no "quise" enamorarme.

Es raro, pero creo que no recuerdo lo que es estar enamorada de otra persona. Estoy enamorada de muchas cosas, pero hace mucho tiempo que no recuerdo ese sentimiento.

No sé si debo preocuparme, ya que quizás, tengo una idea de esto, que ninguna persona será capaz de igualar...

Entonces esto me inquieta,porque no sé si seré capaz de volver a querer a alguien de esa forma, si podré tener esa gran confianza para ser yo, si podré mirar igual...

Hace más o menos, estaba queriendo querer a alguien, creo que incluso lo necesitaba, pero ahora...
Ahora no sé si estoy preparada para ello...

Está claro que en esto del amor nunca se sabe y todo puede pasar. Puede que cruce ante tí la persona con la que pasarás el resto de tu vida y, tú, no dándote cuenta. Pero ahora estoy como ciega; no veo nada o, por lo menos no quiero e, incluso, no me apetece verlo.


octubre 31, 2010

Este septiembre tan enero...



¿Tienes miedo? Nada de todo esto es lógico, pero supongo que eso sí. ¿Quién te iba a decir que tus reacciones iban a ser lo único racional?


No me estoy riendo. Sabes que no.

Nada de esto tiene gracia.

Algo habrá que hacer para seguir adelante, aunque sea más con lo mismo.


Te dejo un rato para encogerte, cubrirte la cara con lo que quieras o hacerte una pelota estática. Pero después empezamos con las patadas para romper la inercia, ¿te parece?


Con un ligero toque y un poquito cuesta abajo, todo caerá por su propio peso y los precipicios se convertirán en montañas rellenándose con toda la mierda de la que tenías razón.


octubre 28, 2010

Past...


Hoy hace nueve años que nos conocimos. Abrimos juntos las puertas a la vida. Vivimos juntos una vida que ya no es la tuya, que ya no es la mía. Y me parece mentira que al cerrar la puerta todo quedase tras los muros del silencio, en el candado que ya nunca se abrirá. El candado en la boca, el candado en la lengua.

Hoy hace nueve años. Pero todo ya es nada.Yo ya soy nada. Y tú eres el tabaco seco que olvidaste en mis cajones. Sólo tabaco, eso me queda. Sólo eso.
I.

Hay un ejército de grillos sobre mi mesilla, un coro de grillos sobrevolando mis sueños, que canta junto a mi almohada con voz breve, de nieve, sin que les duela la garganta, acariciando mi pelo, ya dormida, con los dedos húmedos del aire.

Hay un coro de grillos de canciones tardías que nunca llegan tarde, grillos que beben del dolor en la fuente eterna, en el nombre del amigo muerto, en la verdad bajo las flores como un río ardiendo, como el ritmo ardiendo de un grillo ido, un grillo que sabe la forma de tus ojos. Quemando, como la primavera pulsando las cortezas, dejando atrás las aguas amarillas del otoño, el beso con sabor a manzana sobre tus labios olvidados.

II.

Hay un coro de grillos azules, verdes y blancos, memoria de los colores, de las heridas que cantan sobre el agua, que nunca es oscura. Acaso es tu voz, que me quiebra y me precede. Acaso son tu voz los grillos, abriéndose en la luz que a otra luz lleve, diciendo también el aire, mirando la nieve sin brechas en los ojos. Acaso es tu voz y el canto que se hace en ella. Tu voz en la lluvia cuando todo es invierno; tu voz azul impuro donde duerme la hoja. Tu voz silencio rumoroso, desierto, desconsuelo.

Hay un coro de grillos que bate las alas inmensas sobre la extensión de la herida, el silencio que arde en la raíz del canto, en sus alas transparentes. Los ojos, la noche, la sed que se marcha con los ríos como todo lo que se llevan: el corazón, la lluvia, el peso de las flores. Acaso es tu voz nombrando lo que no es de nadie, sin decir la lluvia, sin que nada advierta tu presencia, el azul manso de la muerte; el beso, el aire sobre tus labios breves.

III.

Hay un coro de grillos dictando tu nombre sin abrasarse las alas, escribiéndolo sobre la tierra, en la luz hermosa, en la humedad del aire. Y su cántico sostiene en la nada lo poco que tenemos, un nombre, tu nombre. Y cosen con hebras de plata tu voz y el frío, lágrimas que siempre regresan azules y duraderas. Y van hollando el camino para que no olvide tu lengua.

Hay un coro de grillos cantando, poniendo nombre a las flores que siempre estuvieron, que siempre están en el ramo que compila esa mano que las toma, y las respira. Acaso es tu voz, la sangre que no has sido, la caída alta y lejana de cada beso. Acaso no es tu canto la forma de su ausencia, el olvido; acaso son tu voz los grillos del camposanto que no escuchan los que perdieron la costumbre de la tierra. No digas por eso la pérdida, este frío sin frío de la nada. No digas el silencio de la llama que dice lo ausente, sin ruido de palabras, sin suelo de amapolas. Acaso eres tú. Acaso es tu voz aprendiendo la música de lo que nunca has sido. Acaso eres tú aprendiendo a cantar cómo mueren las fuentes. Pero dime si la luz es ya otra.

Dime si vuelven tus alas lastimadas a alumbrar la claridad dormida de la sal en la carne. Dime, al menos, si reconocen tus pupilas otra vez el cielo.

IV.

Hay un coro de grillos leves. En la luz, la palabra y el silencio; en la levedad de la inocencia que precede al aliento de las flores. Acaso es tu voz sobre mis párpados, siempre en la sed, desde la lluvia, ligera, y más ligera aún para la muerte. Acaso es tu voz el espejo donde se mira el aire, la levedad, el arco imposible que antes fue frágil; espesor de un silencio que no desciende al nombre del silencio. Acaso tu nombre, acaso los grillos sobre tus labios. Espesor de lo alzado; la levedad, un peso que no sangra. Así tu cántico hondo, la nada soñadora. Así los grillos que azuzan cada noche mi canto.

Hay un ejército de grillos cantando sobre mi mesilla en el papel desgarrado que desvirgaron mis dedos cuando no sabían de su estrofa. Y me gusta escuchar su música porque nunca se me hace tarde, porque nunca llega tarde el canto. Y adivino en tu lengua su métrica, porque ya conoces el aire de otro modo. Acaso es tu voz, que guarda las canciones de mis ojos. Acaso es tu voz salvando el dolor, aunque sea de noche.

Hay... aún...

septiembre 18, 2010

¿Será?

Nunca había jugado al despite sin palanganas. Yo, verán, no sabía esconderme antes de que contaran 100, así que buscaba visibilidad, un sitio donde pudiera depender de mis fuerzas para correr antes que de mi habilidad para cerrar los ojos. No quería sentirme presa y, por eso, era más de cazar.

Pero... ¡ay!, tampoco sabía asustar a los monstruos de mi armario, así que procuraba no tener armarios o, si los tenía, que fueran cómodos. "No es bueno incomodar a los monstruos," me decía. Seguro que a ellos tampoco les gustan las guerras.

Cuando aprendí a enceder las cerillas creí que ya sabía hacer fuego. Siempre me pasa algo así. Un día lancé una piedra y empecé a soñar con fusiles. Al otro, era un paseo en bicicleta o bajar la ventanilla del coche y decirme: "¡Bah! Este mundo se ve a base de dar pedales.

Pero nunca le tuve miedo al mar. Y el respeto se lo concedí estos ultimos años. Será que crecí entre demasiada tierra... o que leí un cuento de Borges que terminaba con un desierto haciendo de laberinto.

En verdad que pocas veces entendí que se puede saborear la madera. Que los miedos van con raíz y hay que sangrar para estirparlos de adentro. Que la risa es lo más importante. Lo más bonito. Más incluso que los gemidos, ese gesto tan recordado. Ese gesto... ay, no quiero pornografiarme en estos momentos. Quería una radiografía con acuarelas. Algo que diga: "No, si yo solo quería suelto para tabaco, pero si hay que tomarse una cerveza..."

Total, que terminé borracha. Y, no se crean, a ratos hasta me siento vieja. Aunque piso la arena y me lo paso como una enana. Pero, a ratos, eso, parece que en cualquier momento me fuera a poner a escribir a mano las cartas que ahora mando vía mail.

Pero qué va. Soy una falsoalarmista. Una pedrolobista. Una exagerametaforas. Una blablabladora. Una tremendimensionista. Una enciendeincendios. Una inseguroquesiqueno.

Vamos, que no me pongo de acuerdo y exagero hasta hacer de todo un pequeño detalle, un delicado gesto, una minima afirmación resolutiva. Y es que entre, la teoría gravitacional y la Mecánica Cuántica, siempre he ido con los más pequeños.

Será que un mechón de pelo me dice más que una larga cabellera.
Que me fijo en la uñas más que en los dedos.
En las pecas ominosas, los lunares contados, el rosa de mejilla sin rubor.
Será que él mide poco más de metro y medio y se diluye como acuarela en celo,
como mancha de grafito con sudor.

Necesario?

Dejarte marchar es duro... pero es necesario.
No sentir tus labios acariciando los míos será horrible... pero necesario.
No soportaré la ausencia de tus manos calientes en las mías... pero es necesario.
Echaré de menos tu aliento en mi cuello... pero es necesario.
Me volveré loca recordando tu piel... pero es necesario.
Faltando tú, pelearé y lloraré con la almohada... pero es necesario.
Gritaré tu nombre con la boca de mi estómago... pero es necesario.
Viviré tres meses de libertad fingida... pero es necesario...


Feb25 - Sep28...


septiembre 14, 2010

¿Error o acierto?




El tiempo del error es un segundo. Después, puedes dedicar media vida a repararlo. Pero, ¿de verdad merece la pena que todo penda de un hilo?

Quizá el quid de la cuestión está en que no merece la pena dedicar la vida a subsanar un error que nadie quiere corregir, porque pierdes el tiempo. Y si todo pende de un hilo, que sea la vida la que se balancea en el extremo. Así nunca podremos decir que no vivimos intensamente.

Porque lo que merece la pena en esta vida es vivirla, no llorarla. Y, aunque a veces un error puede tener un coste muy alto, no puedes subordinar tu vida a él. El tiempo pone todo en su sitio, por algo se dice que es él quien baraja las cartas y nosotros quienes jugamos. ¡Hagan juego, señores! Y no apuesten su vida a una sola carta.

=_0 !!!

Despedidas...

Me ha llamado. Escribí mi teléfono tras la foto que le dejé en casa y me ha llamado. Quiere que echemos un último polvo. Que vayamos a un hotel y pasemos la noche juntos. Y después, que desaparezca para siempre de su vida. Me ha preguntado: '¿Crees que podrías hacerlo?'.


Todos podemos olvidar lo que sentimos por alguien. Él se va, te deja con todo y, cuando piensa en volver, eres tú la que ya no siente nada. Parece fácil. Es como cuando se muere alguien: con el paso de los años, olvidas y, cuando quieres darte cuenta te encuentras haciendo fuerza para recordar cómo era su cara. Cuando dejas de querer es igual. Se muere un trocito de tu memoria y de tus sentimientos.